Los latinos en América

Panadería latina, queso latino, refrescos latinos, música latina y, lo que es peor, electrolatino…pero ¿qué tiene que ver aquí la palabra latino? ¿No eran los romanos latinos? ¿Cómo se ha llegado a este cambio semántico?

Los latinos eran un pueblo itálico que vivía en las riberas del Danubio, en lo que hoy es Austria, Eslovaquia y Hungría. Hace unos 4.000 años, junto con otros pueblos hermanos, decidieron mudarse al Sur, atravesaron los Alpes y se asentaron en la zona central de la península italiana, a la que dieron nombre. La lengua de los latinos, el latín, fue la lengua del Imperio Romano.

Con la caída de Roma, en algunos lugares del Imperio, el latín evolucionó y dio lugar a nuevas lenguas: español, rumano, portugués, francés, italiano, provenzal, romanche etc. No todo el mundo está de acuerdo, pero es la historia comúnmente aceptada y no vamos a entrar en este tema, quizá más adelante.

En todo caso, el latín fue durante siglos la lengua de cultura en el Occidente europeo y por lo tanto, prácticamente, la única lengua escrita.

A los países de Europa cuya lengua nacional provenía del latín, aunque insisto en que hay minorías discrepantes, se les llamó latinos, es decir, Francia, España, Rumanía, Italia y Potugal.

A grandes rasgos, ésta es la historia.

Entonces ¿cómo es posible que un ecuatoriano y un peruano descendientes de los incas se denominen latinos? ¿cómo es posible que un americano de origen africano se enorgullezca de ser latino?

Todo empezó con la independencia de Méjico de España en 1821. Los años siguientes fueron un caos para el recién nacido país. En unas décadas, Méjico llegó a perder más la mitad de su territorio: California, Nuevo Méjico, Nevada, Arizona, Tejas, parte de Oregon y de Utah, Costa Rica, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y seguro que algo olvido. Un auténtico desastre. Realmente, Méjico podría haber dejado de existir tras la guerra contra EEUU de 1846 a 1848. La capital mejicana fue ocupada por EEUU y sólo cierta mala conciencia por parte de los estadounidenses (no querían ser como los países del otro lado del charco que ocupaban y se anexionaban territorios por África y Asia) hizo que Méjico siguiera vivo como país independiente. Mutilado, pero aún independiente.

Por si todo esto fuera poco, el país vivía en una constante pugna entre liberales y conservadores. Estos últimos pensaron que sería una buena idea implantar una monarquía moderada al estilo europeo, así que se dirigieron a Trieste, hoy Italia, entonces Imperio Austriaco, a ofrecerle el puesto al archiduque Maximiliano de Habsburgo. A Napoleón III, Emperador de Francia, le gustó la idea y mandó a su esposa, la española Eugenia de Montijo, de intérprete y representante. Tras el sí quiero del archiduque, el ejército francés se presentó en Méjico para apoyar al nuevo Emperador. Los soldados franceses no fueron bien recibidos por los liberales mejicanos, es decir, se vieron envueltos en una guerra civil en un país en el que realmente no pintaban nada. Pero, al igual que en África o Asia, Francia buscaba consolidar su estatus de gran potencia colonial en América, continente donde apenas tenía presencia ¿Cómo justificar esta extraña intervención? ¿Dónde se encontraba la afinidad entre Méjico y Francia? Francia apeló a la “latinidad” de ambas naciones entendida como lengua con el mismo origen y religión católica. Francia se consideraba entonces la potencia latina frente a los anglosajonas y protestantes EEUU y Gran Bretaña y la emergente potencia germana: Alemania
Para redondear la historia de las andanzas de Napoleón III en América, hay que hacer mención al amago de intervención en Ecuador por parte de Napoleón III.

De esta manera, los franceses inventaron el término América Latina y los americanos de esos países pasaron a ser latinos.

El problema del término es que es vago e impreciso y, por lo tanto, inútil ¿Quién es y quién no es latino? ¿Es un haitiano latino? ¿Es un indígena boliviano que no habla ni una palabra de español latino? ¿Es un habitante de Aruba latino? ¿Es un ciudadano de Belice latino? ¿Son los canadienses de lengua francesa, quebequeses, latinos?

En mi opinión, es más preciso referirnos a la América Hispana, Iberoamérica, Sudamérica o Centroamérica y por tanto a hispanos, iberoamericanos, sudamericanos y centroamericanos.

88x31

¿Cuánto tienen de helenos los griegos actuales?

Las recientes declaraciones del Primer Ministro de Grecia, Tsipras, declarando que ellos, los griegos, inventaron la democracia, me trajo a la memoria un tema al que le estuve dando vueltas hace tiempo: ¿Son los griegos actuales descendientes de los clásicos?

Repasemos someramente la historia.

Tras la caída de Roma, el actual territorio de Grecia pasó a ser parte de Bizancio, que no era otra cosa que el Imperio Romano Oriental. De hecho, los bizantinos se denominaban a si mismos romanos. Desde el s. VI al VIII, hubo una oleada de invasiones eslavas y albanesas en el actual territorio griego. Siglos más tarde, concretamente en 1453, los turcos conquistaron Constantinopla y se adueñaron de media Europa oriental. Grecia no recuperó la independencia hasta 1832.

En la guerra de independencia contra los turcos, las tres “Potencias protectoras” (Gran Bretaña, Francia y Rusia) echaron una valiosa mano a los griegos. Pero en esta ayuda no había sólo intereses políticos, sino que también existía una enorme simpatía, de corte romántico, hacia la causa griega. Basta nombrar la implicación en la lucha del poeta romántico por excelencia: Lord Byron.

¡Ah, Grecia! ¡Por fin libre del yugo otomano! Grecia, inventora de Europa, de la democracia, patria de Arístoteles, de Platón, pilar de Occidente, cuna de Roma.

Entre tanto entusiasmo progriego, en 1830, un austriaco del Tirol llamado Jakob Philipp Fallmerayer publicó un libro titulado Historia de la Península del Peloponeso en la Edad Media (Geschichte der Halbinsel Morea während des Mittelalters, se puede leer en alemán aquí) que contenía párrafos como éste:

La raza helena ha sido erradicada de Europa, la belleza física, la brillantez intelectual, la innata armonía y la simplicidad, el arte, la competición, la ciudad, el pueblo, el esplendor de la columna y el templo, incluso el propio nombre ha desaparecido de la superficie del continente griego….Ni la más fina gota de sangre helena fluye hoy día por las venas de la población cristiana de Grecia.

Fallmerayer era profesor de Historia en la Universidad de Múnich, aunque entonces no se llamaba así. Casualmente, el entonces rey de Baviera, Luis I, aspiraba a que su hijo Otón se convirtiera en rey de Grecia, cosa que finalmente consiguió en 1832. Mientras tanto, Fallmerayer, para profundizar en su tesis, decidió viajar a Grecia, donde descubrió que en el Ática se hablaba un dialecto albanés llamado arvanítika.

A su vuelta a Múnich se encontró con que su puesto en la Universidad ya no existía. Fallmerayer no era el intelectual más apreciado en la corte del rey de Baviera. Tampoco en Grecia era muy popular: su libro no se publicó allí hasta 1980.

No obstante, se mantuvo en sus trece, aunque haciendo hincapié no sólo en el elemento eslavo, sino también en el albanés. Publicó  un trabajo titulado Albanización y la segunda parte de su Historia de la Península del Peloponeso en la Edad Media en la que afirmaba que la Guerra de Independencia griega no era una revolución helena, sino albanesa.

¿Tenía Fallmerayer intencionalidad política? Es probable. El declive del Imperio Otomano podía suponer un aumento de la influencia rusa en la zona. El Imperio de los zares buscaba atraerse a sus hermanos de sangre eslavos englobados en el Imperio Austriaco y Otomano. Finalmente el choque entre germanos de Alemania y Austria y eslavos, fundamentalmente rusos, acabó por producirse años más tarde ¡y de qué manera! Evidentemente, nos referimos a la  I y II Guerra Mundial.

Tras la guerra entre Grecia y Turquía librada entre 1919 y 1922, se produjo un trasvaso de poblaciones entre Grecia, Turquía, Bulgaria y el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos. A Grecia llegaron pobladores del Este y Norte de Tracia, Asia Menor, Norte de Macedonia y costa del Mar Negro. Con el fin de reafirmar la identidad griega de los lugares de asentamiento de estos pobladores, se produjo un cambio en la toponimia que duró de 1926 hasta los años `60. Se tradujeron al griego topónimos no helenos, se buscaron antiguos nombres griegos e incluso se trajeron topónimos de Asia Menor. En este enlace hay una lista de los topónimos eslavos que se eliminaron en favor de los griegos de pura cepa.

En 1941, en plena  II Guerra Mundial, otro germano, esta vez alemán, llamado Max Vasmer publicó un libro titulados Los Eslavos en Grecia (Die Slaven in Griechenland, se puede leer aquí) que abunda en la tesis de Fallmerayer. De nuevo la misma pregunta ¿Tenía intencionalidad política Vasmer? Es también probable. Al ser Grecia un país eslavo más, no se estaba ocupando el país de los admirados helenos, sino que se situaba al mismo nivel que otros países eslavos ocupados.

¡Pero basta ya de tanta literatura! El estado actual de la ciencia nos permite saber el origen de las poblaciones humanas y aquí entro en un tema del que todo lo ignoro, así que me voy a remitir directamente a los estudios genéticos que se exponen aquí y aquí. Lo que se desprende de éstos es que, efectivamente, hay un componente eslavo y dinárico (habitantes originales de los Balcanes) en la actual población griega importante, especialmente en el Norte. En el lado opuesto, se encuentra Creta donde la influencia bárbara parece que es mucho menor.

88x31