Ciao, Tschüss!

Rondan por mi cabeza palabras en diferentes lenguas entre las que encuentro similitudes que me resultan llamativas. Quizá son fruto de la casualidad, de la influencia y préstamos de unas lenguas a otras o del mismo modo de ver una realidad por parte de familias de hablantes.
Voy con dos ejemplos sobre los que he estado indagando:

– El soborno en alemán y en español:
En alemán, sobornar se dice “bestechen” (pronunciado aproximadamente “bestéjen”) y soborno: “Bestechung” (pronúnciese “bestéjung”). En principio, nada que ver con el español.
Bestechen se compone de dos partes:
a) el prefijo alemán “be” y
b) el verbo “stechen”.
La preposición “be” sirve en alemán para hacer a un verbo intransitivo transitivo y al mismo tiempo, modula el significado del verbo dándole un matiz semántico de causa u origen. Un verbo intransitivo, al que le colocamos un “be” delante, requiere de un complemento u objeto directo que, como tal, siempre se declina en acusativo.
El verbo “stechen” significa picar, mordicar, punzar, morder.
En español, especialmente en Méjico, al soborno se le conoce como mordida, es decir, tanto en alemán como en español, la idea de soborno nos remite a la misma metáfora.

-Los saludos y despedidas:
El saludo en italiano más popular en todo el mundo es “ciao”, que al contrario de lo que mucha gente cree, no significa sólo adiós, sino también hola.
En alemán, la despedida más conocida es “Aufwiedersehen”, cuya traducción más apegada a la literalidad sería hasta la vista.
Sin embargo, así como “ciao” está en la boca de todos los italianos continuamente, “Aufwiedersehen” no se usa tanto, ya que compite con el muy popular “Tschüss” (pronunciése aproximadamente “tchiuss” o mejor escúchelo aquí). Tanto “ciao” como “Tschüss” tienen una pronunciación parecida, por lo que me puse a buscar el origen de ambas palabras con el fin de hallar esa relación entre ambas. Sin embargo, parece ser que no la hay.
“Ciao” proviene de la contracción de un saludo del dialecto véneto (Venecia): “s’ciàvo vostro” (esclavo vuestro), con un sentido similar al “póngame a los pies de su señora”.
El origen de “Tschüss” es más incierto y hay tres teorías:
a) Los puertos de las ciudades de la Liga Hanseática Hamburgo y Bremen, tenían intensos intercambios comerciales con marineros neeerlandeses que se despedían con la palabra “atjüs”, que a su vez provenía del portugués “adeus” o de nuestro español adiós.
b) Proveniente del valón (lengua latina belga) “adjuus”, de donde, por proximidad geográfica, pasó al alemán.
c) Hugonotes (protestantes franceses) huidos de su país en el s. XVII y asentados en Bremen y, en el barrio de Hamburgo, Altona, trajeron consigo una variedad dialectal del francés en la cual “adieu” pasó a “atschüs”.

Retornando a “ciao” y su origen en “ s’ciàvo vostro”, me viene a la memoria que, en Alemania, sobre todo en el Sur, y Austria, así como en países del antiguo Imperio Austriaco (Eslovaquia, Hungría, Eslovenia etc.) usan como saludo “Servus”, palabra latina que significa sirviente o criado. El sentido y origen de “Servus” como saludo es el “para servirle a Vd.”, que en español decimos después de presentarnos, aunque actualmente es, más bien, un arcaísmo.

En conclusión, no hay relación alguna entre “ciao” y “Tschüss” como intuía. Al menos he encontrado cierta relación semántica entre “Ciao” y “Servus”. Menos da una piedra.

Los primeros guiris

En 1476 los Reyes Católicos, promulgaron el Ordenamiento de Madrigal que supuso la creación de la Santa Hermandad. Ésta era una especie de policía rural que perseguía los delitos por todo el reino. Las prioridades de la Santa Hermandad eran la pacificación, pues se hallaba Castilla recién salida de una guerra civil, y acabar con los salteadores de caminos, es decir, con el bandolerismo.

Varios siglos después, el problema del bandolerismo seguía presente, aunque acotado principalmente a las sierras que separan Andalucía de La Mancha. Por este motivo, en 1767, el rey Carlos III, de la mano de su ministro ilustrado, el asturiano Campomanes, decidió la creación de la intendencia de las Nuevas Poblaciones de Andalucía y Sierra Morena.

El camino entre la capital de España, Sevilla y Cádiz era especialmente peligroso en Sierra Morena. Entre sus bellos parajes se escondían bandoleros, que lejos de la visión romántica que se puede tener hoy de ellos, se dedicaban a asaltar a los viandantes y a robar las mercancías que circulaban entre Madrid y los estratégicos puertos de Sevilla y Cádiz, a donde arribaba la plata y otras riquezas de América.

Estas sierras y llanos se encontraban deshabitados, por lo que se pensó en implantar nuevos pobladores con el fin de frenar a los asaltantes de caminos. La cuestión era de dónde traerlos.

De la mano del movimiento ilustrado, se confió a un coronel bávaro, llamado Johann Caspar von Thürrigel, atraer a aquella zona a alemanes, flamencos y suizos a cambio de 326 reales por cada colono. “Valiosos trabajadores católicos” habían de llegar a las llamadas Nuevas Poblaciones. Las fuentes hablan de que unos 10.000 centroeuropeos llegaron a aquella zona. Von Thürrigel, en su prédica, exageró las bondades de aquellas tierras y cuando los colonos llegaron se encontraron con que el paraíso prometido no era tal. Por otro lado, los países de origen no estaban dispuestos a perder población cualificada, así que muchos de los que llegaron eran jornaleros pobres, trabajadores errantes y se infiltró algún protestante.

Se fundaron quince nuevas poblaciones entre Sierra Morena y la llanura del Guadalquivir, es decir en el reino de Jaén, Córdoba y Sevilla. Muchas de éstas son hoy importantes municipios como Guarromán, La Carolina, Aldeaquemada, Navas de Tolosa o La Carlota. Los colonos recibieron gratis una casa, cincuenta fanegas de tierras, ganado, exención de impuestos durante diez años y protección mediante un fuero especial.

Sin embargo, los comienzos fueron muy duros. Las casas no estaban listas cuando llegaron, así que, mientras tanto, tuvieron que sobrevivir en barracas construidas por ellos mismos. La enfermedad también hizo mella, por lo que algunos murieron al poco de su llegada. Además, fueron recibidos con hostilidad por los vecinos de las poblaciones cercanas que sentían que se estaba privilegiando a los recién llegados, por lo que fueron víctimas de robos y agresiones.

A los colonos, les acompañaban curas con el fin de que recibieran misa y fueran instruidos espiritualmente en su lengua materna, normalmente, el alemán.

Es célebre el enfrentamiento entre el capellán de los colonos de La Carolina, fray Romualdo de Friburgo y el Superintendente (jefe) de las Nuevas Poblaciones, el limeño Pablo de Olavide. Olavide, hombre ilustrado y alejado de las concepciones católicas más rígidas, chocó con el fraile, de carácter excesivamente pío. Fray Romualdo de Friburgo fue objeto de burlas en las reuniones y comidas habidas en el palacio de La Carolina donde residía el Superintendente. Fray Romualdo de Friburgo se guardó las mofas para más adelante denunciar al Superintendente ante el obispo de Salamanca e Inquisidor General. Las acusaciones del fraile germano eran muy graves y Olavide, consciente de ello, negó las acusaciones, se mostró como católico devoto y recurrió a sus influencias políticas. Todo fue en vano. El autillo le condenó a ocho años de prisión secreta y la privación de todos sus bienes. Por otro lado, Fray Romualdo de Friburgo fue expulsado de España.

Este proceso fue todo un escándalo en la España de la época. Un famoso político de gran proyección condenado por el Tribunal de la Santa Inquisición. Este asunto, pone en cuestión todo el aura reformista e ilustrada que rodea a Carlos III, ya que pudo haber parado el proceso y, sin embargo, dejó hacer.

Dejando atrás este episodio ¿qué pervive hoy en día de aquellos colonos? En primero lugar, los apellidos, aunque españolizados, como: Ridier, Wic, Chófler, Pigner, Rull, Chups, Báxter, Neff, Teclesmaller, Avi, Hamer, Duvisón, Uber, Pistón, Salses, Chambra, Demáns, Blondón, Sabe, Ruperti etc. También subsisten ciertas costumbres y fiestas de claro origen centroeuropeo. Y dicen que la fisonomía, abundan los ojos claros y los cabellos rubios. Yo he pasado por allí, pero nunca he parado. Si alguien ha estado y nos quiere comentar sus impresiones, es bienvenido.

Por último, una de las hipótesis acerca del origen del nombre flamenco referido al cante y baile es que proviene de aquéllos traídos por trabajadores errantes originarios de Flandes llegados en esta repoblación al Sur de España.