La segunda y la tercera Roma

En el año 476 cayó el Imperio Romano de Occidente. En aquél entonces, los turcos eran un remoto pueblo situado en las inmensas estepas asiáticas del que seguramente nadie en Europa había oído alguna vez hablar. Pero, lenta y paulatinamente, los turcos se trasladaron hacia el Oeste, creando un gran Imperio. Por el camino, adoptaron el islam suní como su religión oficial. Finalmente arribaron a la península de Anatolia y en 1453, casi mil años después de la caída del Imperio Romano Occidental, conquistaron la capital del Imperio Romano de Oriente: Bizancio. Actualmente Estambul. Como sabemos, los turcos pusieron los dos pies en Europa, conquistando Grecia, los balcanes, Bulgaría, Hungría, Rumanía y se quedaron a pocos kilómetros de Viena. Los españoles tuvimos lo nuestro con los turcos en su día. No sólo, se dedicaban a asaltar barcos en el Mediterráneo, sino que amenazaban con conquistar Roma, el centro de la cristiandad, y eso ya eran palabras mayores.

Volviendo atrás en el tiempo, en el siglo IX, dos hermanos de Tesalónica, Cirilo y Metodio, se lanzaron a cristianizar (en su variante ortodoxa) a los pueblos eslavos situados al Norte. De paso, sentaron las bases para un nuevo alfabeto basado en el griego, pero adaptado a las particularidades fonéticas de los idiomas eslavos: el alfabeto cirílico, usado actualmente en el ruso, serbio y búlgaro, entre otras lenguas.

De los múltiples pueblos eslavos (búlgaros, serbios, croatas, polacos, eslovacos, checos etc), el más destacado ha sido el ruso. Rusia, antes de su increíble expansión territorial, era un país sin grandes barreras naturales que lo pudieran defender de enemigos, de ahí que su estrategia defensiva consistió en conquistar territorios y “rusificarlos”. Si miramos un mapa atentamente, observamos que Rusia es país con frontera terrestre con, por ejemplo, Finlandia y Polonia, pero también con Mongolia, China e incluso Corea del Norte. Hay islas rusas a sólo unos pocos kilómetros de EEUU (Alaska) y de Japón (muchas de ellas reclamadas por los nipones).

Rusia se considera a sí misma, madre de todos los pueblos eslavos (paneslavismo), depositaria de la fe cristiana ortodoxa y heredera única y legítima del Imperio Romano de Oriente o Bizantino. Es decir, Moscú es la tercera Roma.

Durante un tiempo, el mapa de Europa se podía dividir fácilmente en dos: el Oeste, los herederos del Imperio Romano Occidental: antiguas naciones que habían emprendido una expansión territorial allende los mares: España, Francia, Gran Bretaña, Holanda y Portugal. Al Este, vastos Imperios sin proyección en ultramar: Sacro Imperio Romano Germánico, Imperio Austriaco, Imperio Ruso, Imperio Otomano (actual Turquía) etc.

Los choques entre éstos, además de otros factores, desembocaron en la I Guerra Mundial que acabó con el Imperio Alemán, el Imperio Austrohúngaro y el Imperio Otomano. Sin embargo, Rusia, después de que Alemania sacara de su exilio en Suiza a Lenin y lo metiera en un tren rumbo a Moscú, mutó en un “experimento” fallido años después, llamado Unión Soviética.

El territorio del antiguo Imperio Alemán era bastante más extenso que la actual Alemania, qué decir de Austria, reducido a un pequeño país sin salida al mar y en cuanto a Turquía, si bien conserva toda la península de Anatolia, su presencia en el Sudeste europeo es testimonial. Además, perdió todo Oriente próximo, que pasó a manos británicas y francesas. De la desastrosa addministración británica y francesa en Oriente próximo viene, en gran medida, la situación de conflicto permanente en esa zona. 

Sin embargo, Rusia, debido a la revolución comunista, se retiró de la guerra anticipadamente y no participó en el botín de Oriente próximo, su frontera Sur. En todo caso, si bien disminuida, tras la caída de la Unión Soviética, conserva una gran parte de sus vastísimos territorios y acaba de recuperar Crimea (juzgo como iluso a quien crea que Crimea va a volver a ser parte de Ucrania) y estoy convencido de que el Este de Ucrania será territorio ruso de pleno derecho en no demasiado tiempo.

Actualmente, lo que parece que está en pugna entre Turquía y Rusia es su influencia en Oriente próximo. Turquía, con Erdogan a la cabeza, busca recuperar su influencia en aquella zona. Rusia busca también consolidarse allí como actor protagonista. Mientras Turquía, de mano del islamismo “moderado” de Erdogan se apoya en movimientos suníes, Rusia apoya a la otra gran rama del islam, los chíies, cuyo máximo exponente son Irán y la Siria de al-Asad.

Pero,  en mi opinión, lo que de verdad ansía Rusia, y no lejos estuvo de conseguirlo en la I Guerra Mundial, es recuperar Bizancio y con ello el antiguo Imperio Romano Oriental. Dicho de otra manera, echar a los turcos 512 años después. Dicho claramente: la guerra entre Rusia y Turquía es inevitable. No digo que se vaya a producir en breve, pero el devenir histórico invita a pensar en ello. Tengo la impresión de que los acontecimientos se precipitan en favor de este enfrentamiento:

  • Rusia, si bien no es una potencia económica, está saliendo de unos años de postración tras la caída de la Unión Soviética. No es que su economía vaya de fábula, pero está aguantando el embiste que le ha supuesto el embargo y las sanciones económicas impuestas con ocasión de la guerra de Ucrania.
  • La expansión del islamismo no puede tener otra repercusión que un acercamiento entre los países europeos de estirpe cristiana, que no sólo se unen por ser objetivo de los islamistas, sino por compartir un acervo común e intereses internacionales cada vez más similares. Acabamos de ver como Hollande se reunía con Putin para colaborar en Siria. Es decir, un miembro de la OTAN y de la UE, como Francia, acercándose al que hasta hace poco era denostado por haberse adueñado de Crimea y apoyar a la facción prorusa de Ucrania. No hay tampoco que olvidar que Rusia, bajo la forma de la URSS, ha luchado junto a Gran Bretaña, Francia y EEUU en la I y II Guerra Mundial. Ayer, en términos históricos. La guerra fría puede que haya sido sólo un paréntesis y los cambios que se están produciendo en el panorama mundial los vuelva a colocar juntos.
  • EEUU, tras cien años desde la I Guerra Mundial, primer conflicto en el que sale a luchar fuera de América, lentamente vuelve a su política aislacionista. EEUU es un país separado del resto del mundo por dos inmensos océanos, con un tranquilo vecino en el Norte y otro más problemático, pero muy débil, en el Sur (Méjico) ¿Quién se acuerda de Cuba y de la crisis de los misiles? Esta vuelta a las raíces tiene mucho que ver con el casi autoabastecimiento energético que han conseguido gracias a la fractura hidráulica (“fracking”). En términos medioambientales será discutible la bondad de esta técnica, pero económicamente ha sido una bendición para los EEUU e indirectamente para todas las economías no productoras de petróleo y dependientes del mismo, como España. EEUU, si se viera en la necesidad, podría autoabastecerse energéticamente, aunque al precio al que lo están dejando los saudíes, sale mejor importarlo. Si los precios subieran, basta con volver a poner en marcha los campos petrolíferos estadounidenses abiertos gracias a la revolución de la fractura hidráulica. Veo a EEUU llevándose muy bien con todo el mundo e implicándose cada vez menos en conflictos internacionales.
  • Turquía ha dejado atrás el laicismo y se está islamizando, lo cual supone que las simpatías por Turquía entre sus aliados de la OTAN se vayan debilitando. Por otro lado ¿a qué país europeo no asusta un país islamista con 80 millones de habitantes en una esquina del continente?  
  • Rusia no piensa en el corto plazo, tiene una política exterior igual con unas directrices muy claras haya el Gobierno que haya. Igualito que España.
  • Rusia ha lanzado dos advertencias a Turquía. La primera se llama Crimea, punta de lanza hacia la costa Norte de Turquía. Segunda, lanzando misiles desde su territorio hacia Siria que, probablemente, hayan sobrevolado el espacio aéreo turco. Esta segunda advertencia es muy clara y directa: si Rusia quiere, puede alcanzar fácilmente territorio turco. Los turcos han comprendido la advertencia y han reaccionado derribando el avión ruso. Por cosas más nimias han empezado guerras ¿Cuál será la chispa definitiva?

Por otro lado, veo varios factores que me hacen pensar que los rusos se van a mostrar muy precavidos antes de dar un paso hacia la guerra:

  • Si bien, como he dicho antes, parece que Rusia está aguantando económicamente, no es, ni mucho menos, un país rico y, como dijo Napoleón: “Para ganar una guerra se necesitan tres cosas: dinero, dinero y dinero”. 
  • Alianzas internacionales: Rusía tendría que conseguir que la OTAN incumpliera su propia razón de ser: defender a un país miembro que sea agredido por un tercero. No veo ningún entusiasmo en ningún país de la OTAN por ir a defender a Turquía de una agresión rusa, pero tampoco es imposible, al menos indirectamente: con material y armamento. Todo depende de si Turquía sigue por una deriva islamista. En todo caso, podría contar con la ayuda de países musulmanes suníes. Rusia, a priori, no contaría con muchos aliados. Bielorrusia, Serbia e incluso Grecia podrían ayudar. A China no la veo implicándose en un asunto en el que no tiene nada que ganar y sí mucho que perder. Otros posibles apoyos a Rusía serían Irán y Siria si el partido Baaz siguiera en el poder.
  • La demografía rusa frente a la turca. Mientras los rusos son cada vez menos y más viejos, Turquía es un país joven que ha ganado población en estos últimos años. Los viejos no hacen la guerra, prefieren quedarse en casa.

Actualización: He olvidado comentar el asunto desde la perspectiva de Israel. Los antecedentes históricos son muy claros: el primer país del mundo que reconoció al Estado de Israel no fue EEUU, sino la Unión Soviética. Sin embargo, poco después las relaciones se enturbiaron (de ahí viene la simpatía de la izquierda por la causa palestina). En 2005 Putin visitó Israel y hoy día puede afirmarse que las relaciones entre Israel y Rusia son buenas. Además, un 20% de los israleitas son asquenazíes provenientes de Rusia o de la antigua Unión Soviética y son rusoparlantes. Su influencia en la política israelí es grande. Es decir, creo que Israel estaría encantada con un avance ruso sobre Oriente Próximo. Y de todos es conocido la tremenda influencia del lobby judío en los EEUU, especialmente en el partido demócrata.