Acerca de la etimología de charro

Conocer la etimología de las palabras es algo que siempre me ha interesado, ya que, de alguna manera, habla de lo que fuimos y lo que pasó. Sin embargo, la etimología es una disciplina a menudo oscura y fantasiosa. En su afán por encontrar respuestas, los etimologistas acuñan con demasiada frecuencia orígenes no contrastados o directamente inverosímiles. Estas etimologías quedan plasmadas en los diccionarios, fosilizadas durante años y años sin que nadie las revise o ponga en duda.

Una de las etimologías que me había llamado siempre la atención es la de “charro” referente al habitante de una comarca de la actual provincia de Salamanca. Aunque suele tomarse la parte por el todo y al final se asimila charro a salmantino, hay que precisar que el adjetivo charro, en puridad, ha de aplicarse a los originarios del Campo Charro. El Campo Charro ocupa, aproximadamente, la zona centro de la provincia. En esta zona el paisaje característico es el encinar o dehesa en un relieve ondulado. La provincia de Salamanca contiene otras comarcas como Las Arribes, Sierra de Béjar, la Armuña etc. Sin embargo, el paisaje y folclore charro se ha erigido en símbolo de la provincia de Salamanca, como si así fuera toda ella. No es un fenómeno extraño. De igual modo, el traje típico bávaro se asocia con toda Alemania cuando ni siquiera es algo propio de toda Baviera y, desde el extranjero, se asocia el traje de sevillana como común a toda España y bien sabemos que no es así.

Volviendo al tema, llevaba tiempo indagando acerca del origen de esta palabra, habiendo encontrado una única explicación no muy convincente a mi juicio, y que la propia RAE recoge: charro proviene del vascuence “char” (“txar”, según la actual ortografía) que significa débil o defectuoso. Así, sin más.

Como he dicho al principio de esta entrada, la etimología y por extensión, la toponimia, nos conecta con nuestro pasado. Sí, también, con nuestro pasado más gamberro. Apodos o términos despectivos para designar al pueblo de al lado y sus habitantes no son extraños en la toponimia: Vellacos, Tornadizos, Tiñosillos etc. Sin embargo, me parece muy improbable que charro tenga como origen un gentilicio despectivo en vascuence (relacionado con este tema, puede leer acerca del gentilicio beleguino).

En su origen, el nombre de Extremadura, del latín Extrema Dorii (Más allá del Duero), hacía referencia al espacio entre el río Duero y las montañas del Sistema Central. A su vez, podemos diferenciar entre la Extremadura leonesa y la castellana. La castellana abarca las provincias de Soria, Segovia y Ávila (en el escudo de Soria figura hoy en día la leyenda “Soria Pura Cabeza de Extremadura”). La Extremadura leonesa comprende la provincia de Salamanca.

Con la conquista de Toledo, en el año 1085, la frontera (no entender frontera en el concepto actual como una mera línea, sino como un territorio más amplio), se desplazó más al Sur y estos territorios pasaron a ser más seguros, alejados de las aceifas de los moros. A la zona se atrajeron repobladores del Norte. A la Extremadura castellana llegaron mayoritariamente repobladores de las montañas de Santander, Burgos y Vizcaya, mientras que a la Extremadura leonesa llegaron mayoritariamente repobladores leoneses y gallegos. La Extremadura leonesa, en su progreso hacia al Sur, llegó hasta las actuales provincias de Cáceres y Badajoz, que han sido finalmente quienes se han quedado con el nombre.

Por tanto, entre la etimología oficial de charro y la historia hay una clara divergencia. Los vascos nunca llegaron a repoblar el actual Campo Charro y, si lo hicieron, fueron en pequeño número y, es muy dudoso, que influyeran de tal manera. Es cierto, que parece existir un cierto número de topónimos salmantinos de posible origen vasconavarro como Narros, Naharros, Anaya, Arabayona etc. Sin embargo, éstos se concentran en el cuarto oriental de la provincia, la más cercana a la provincia de Ávila, es decir, aún lejos del Campo Charro.

He leído recientemente el libro del doctor en Filología Hispánica Felipe Maíllo Salgado “Acerca de la conquista árabe de Hispania” (lo recomiendo). En este libro se cita al geógrafo andalusí del siglo XI y XII al-Zuhrī, que denomina a los habitantes del territorio comprendido entre el Sistema Central y el Duero serranos (en árabe: Ŝarranīn, Ŝarranānīn y Ŝuryāniyyīn). Maíllo señala que los andalusíes denominaban al Sistema Central Las Sierras (en árabe: Ŝarrāt, plural de ŝarra). Este nombre lo tomaron prestado de una forma romance. El carácter “ŝ” corresponde a una fricativa postalveolar sorda y, según la Wikipedia, se pronuncia de manera similar a “shower” en inglés, “caixa” en portugués, o “lasciare” en italiano. O para entendernos, más o menos como Rajoy pronunciaría Bershka.

En conclusión, parece mucho más verosímil la tesis del doctor Felipe Maíllo Salgado, es decir, que charro provenga de una forma romance derivada del latín “Serra” (en español, sierra) que de una palabra vascuence que significa débil o defectuoso.

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