Alucinaciones vascongadas (I)

Recientemente ha tenido lugar la derogación en el Parlamento de Navarra de la Ley de símbolos, que posibilita la exhibición de la bandera de la comunidad autónoma vasca hubo durante el pleno una pequeña guerra de banderas. Los diputados de UPN y PP han mostrado en sus escaños la bandera oficial y tradicional de Navarra, mientras que los representantes de I-E han ondeado la bandera de la II República española.

Por otro lado, hoy ha sido el día elegido por los terroristas etarras para realizar una pantomima a la que llaman entrega de armas.

A raíz de estos dos noticias, voy a escribir una serie de entradas al respecto del nacionalismo vasco en las que no pretendo ser exhaustivo, aunque sí riguroso.

Como no puede ser de otra manera, hay que comenzar hablando de las alucinaciones de un tipo de Bilbao llamado Sabino Arana Goiri, a quien un día se le ocurrió que los vizcaínos no eran españoles.

Sabino, antiguo carlista, ante la derrota sufrida a cargo de los liberales llegó a la conclusión, con la ayuda de su hermano Luis, de que la provincia de Vizcaya no era España. Después amplió el territorio a Álava y Guipúzcoa. Más tarde llegó el turno de Navarra.

Sabino tenía un problema, era muy vizcaíno, pero no sabía vascuence. Esto no era, sin embargo, lo más grave. Lo peor era que las provincias vascas llevaban siendo parte del Reino de Castilla desde más o menos el año 1200 no habiendo los vascos en tanto tiempo sentido ni ansia de liberación, ni oprobio ninguno ante este hecho, más bien al contrario. Por citar sólo dos ejemplos, tenemos en la Historia a los famosos Legazpi o a Blas de Lezo.

Había pues que inventarlo todo. Desde el nombre de la nación vasca, ortografía para su lengua, nombres propios para sus habitantes y, por supuesto, una bandera.

Para el nombre de la nación vasca, su ignorancia del vascuence le llevó a hallar la palabra Euzkadi (más adelante Euskadi). Según nos cuentan los vascoparlantes, el nombre es un puro dislate, ya que toma la raíz “euskal” (lengua vasca) y le añade la partícula “-adi” usada en vasco para conjuntos de plantas. Por poner un ejemplo que se entienda: supongamos que “pino” en vascuence se dice igual que en español. La palabra en vasco para decir “pinar” sería “pinadi”. Siguiendo con el ejemplo, “encinar” sería “encinadi” (ver libro de Juaristi “El bucle melancólico”)

Años después, sus acólitos se dieron cuenta del ridículo y lo cambiaron a Euskal Herría o grafías similares. Aunque oficialmente, el dislate se ha convertido en oficial. Una muestra más de que otorgar oficialidad a una cosa no le otorga respetabilidad.

La ortografía del vascuence no estaba fijada, así que se ha inventado una cuyo único fin ha sido el de separarla de la española y demás lenguas latinas. Por poner un ejemplo, vamos a fijarnos en el uso de la letra k.

En latín la letra griega k no existe. En su lugar, para representar este sonido, los latinos usaron la letra c o q. Las lenguas latinas como el español, italiano, francés o portugués siguen esta línea, reservándose la “k” para palabras de origen no latino, normalmente de origen griego, como “kilo-”. De hecho, en alemán, que no es una lengua latina, se pasó de las runas al alfabeto latino, pero se siguió como modelo la ortografía griega. De ahí la preponderancia de la k y el uso de la y, especialmente en las palabras alemanas de origen griego. Por ejemplo, en griego “synónymos”, en español “sinónimo” y en alemán “Synonym”.

Los nombres propios también eran un problema. En esta página, por ejemplo, tenemos los nombres de los alcaldes de Santurce desde mediados del siglo XIX. Todos se han llamado como nos hemos llamado todos los españoles: Juan Tomás, José Francisco, Manuel e incluso Remigio, por citar algunos. No es hasta recientemente cuando de repente salta una señora que se llama Aintzane (ignoro cómo se pronuncia).

A Sabino, llamarse igual que un señor de su denostada León o Castilla, es decir, tener un nombre español le ponía malo y se le ocurrió que había que hacer un santoral vasco, traduciendo la raíz original del nombre al vasco sin pasar por el latín. Y así comenzó a inventar nombres propios “vascos”, recurriendo incluso hasta al arameo (no es broma). Gorka, Joseba, Mikel o Kepa son algunos de los nombres fruto de las elucubraciones de este ignorante trastornado.

Su propio nombre le planteó problemas. Sabino intuía que los nombres femeninos en vasco terminan en “e” y los masculinos en “a”. Aplicando esta lógica Sabino debía pasar a ser Sabina. Pero claro, el cachondeo podía ser mayúsculo, sobre todo tratándose de un tipo tan varonil como el Arana Goiri, así que decidió que su nombre en vasco era Sabin y punto, que suena más machote. Y así ha quedado. De hecho la sede del PNV se llama “La Casa de Sabino” o “Sabin etxea”, cuando realmente debía haber sido “Sabina etxea”.

El Gobierno vasco, en su labor social, pone a disposición de todos este libro de humor conocido como Santoral Vasco por Sabina Arana Goriri aquí.

En la próxima entrada, trataremos el tema de la bandera y algún otro.

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