La antigua bastardía de los borbones

A la reina Isabel II, cuyo reinado va de 1833 a 1868 la casaron con un primo suyo, Francisco de Asís de Borbón, del que se dice que era homosexual y conocido como Paquita, por lo que el matrimonio fue un fracaso. Se sospecha desde entonces que el rey Alfonso XII era hijo de uno de los múltiples amantes que tuvo la reina, el militar valenciano Enrique Puigmoltó y Mayans.

De aquí derivaría la bastardía de los borbones. En cualquier caso, lo que es seguro, es que es hijo de su madre: la reina Isabel II.

Sin embargo, la auténtica bastardía de los borbones españoles provendría de un momento anterior y sí tendría como consecuencia que los borbones del siglo XIX y posteriores no tendrían de Borbón más que el nombre.

Carlos IV se casó con una noble italiana llamada María Luisa de Parma. Los últimos años al frente de Carlos IV fueron muy ajetreados por culpa, como siempre, de los franceses, primero inmersos en su revolución y después conquistando Europa con Napoleón al mando. Carlos IV se vio superado por los acontecimientos y además, le salió un hijo bobo, el futuro rey Fernando VII. Al final, se entregó la corona a Napoléon que la cedió a su hermano José, también conocido como Pepe Botella. Tras la derrota napoleónica, la corona retornó definitivamente a Fernando VII.

Los reyes Carlos IV y María Luisa de Parma terminaron sus días exiliados en Italia, donde murieron.

En el lecho de muerte, la reina María Luisa, reveló a su confesor in artículo mortis, Fray Juan de Almaraz que, de los 14 hijos que había tenido, ninguno lo era de su legítimo esposo, Carlos IV.

Al parecer, éste era impotente, y la reina gozó de varios amantes, al igual que su nieta, Isabel II. Uno de estos amantes fue Manuel Godoy, hombre fuerte en el Gobierno de Carlos IV y de origen más o menos humilde. Godoy, despreciado por el pueblo en su momento y por los historiadores posteriormente, fue un arribista, es decir, un trepa que llegó a lo más alto por ser un tipo astuto, además de amante de la reina.

Fray Juan de Almaraz no desveló el secreto de la reina, pero sí lo dejó escrito en una carta que debía entregarse a su confesor tras su muerte.

De alguna manera, este asunto llegó a oídos de Fernando VII que hizo encerrar al confesor de la reina en la torre del castillo de Peñíscola (Castellón) en 1827 como reo de alta traición. Allí permaneció incomunicado hasta que en el año 1834, con 67 años, y con Isabel II ya en el poder, fue liberado en virtud de una amnistía para presos políticos del absolutismo. Decrépito y enfermo, parece ser que volvió a su Extremadura natal donde terminó sus días.

Si estos hechos fueran ciertos, el último rey Borbón legítimo que hubo en España fue Carlos IV.

De esta carta habló en su día el escritor Juan Balansó. Sin embargo, no había prueba alguna, hasta que en el año 2011, el periodista y escritor, José María Zavala, en su libro Bastardos y Borbones, reprodujo la carta de Fray Juan de Almaraz, hallada en el Ministerio de Justicia.

Algunos historiadores ponen en duda toda esta historia aludiendo a los nulos periodos de privacidad que habría tenido la reina María Luisa de Parma, lo que haría muy difícil que tuviera encuentros carnales con otros hombres.

Una vez más, la respuesta definitiva la tiene la ciencia a través de unos análisis de ADN, que creo que nunca se llevarán a cabo.

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La famosísima “La familia de Carlos IV” (1800). Óleo de Goya donde vemos a algunos de los protagonistas. En el centro la reina María Luisa de Parma y el rey Carlos IV. A la izquierda según se mira, con Goya a sus espaldas, y en posición adelantada, el futuro Fernando VII.